Hoy, hace 75 años, terminaba la Larga Marcha, esa inmensa peregrinación del Ejército Rojo chino que, liderado por Mao Zedong, recorrió buena parte de la geografía china durante todo un año. Aquella larga caminata no llevó a los comunistas al poder, pero sí les hizo ganar numerosos adeptos entre el campesinado chino. Resulta curioso que ese aniversario haya prácticamente coincidido con el Congreso del Partido Comunista Chino, reunión que, según la mayor parte de los analistas, supondrá el inicio de una nueva gran marcha, la de consolidación como potencia mundial.
El primer paso de la caminata ha sido asegurar la sucesión en el partido. El hombre elegido es Xi Jinping, vicepresidente chino, quien ha sido nombrado vicepresidente de la Comisión Militar Central, el máximo órgano militar. El patrón dice que tras su elección como vicepresidente, vendrá la de máximo responsable. En una marea de críticas por la falta de libertades democráticas, todo apunta a que en el plano político habrá pocos cambios y que los representantes seguirán siendo elegidos en el seno del partido.
Los mayores cambios se plantean en el plano económico, que se aplicarán gracias al nuevo plan quinquenal (2011-2015) acordado. Tras varias décadas centrados en las exportaciones, el gobierno chino se centrará ahora en el consumo interno y en reducir las desigualdades entre los ciudadanos. Otros retos serán las mejores en la asistencia sanitaria y de las comunicaciones.
Sin embargo, China ya empieza a tener los problemas de los grandes países desarrollados y la vivienda es esa gran sombra que enturbia su crecimiento. El aumento insostenible de los precios en la vivienda podría hacer estallar a China antes de que consiga consolidarse como la gran potencia asiática.
El malestar social puede crecer también más rápido que las políticas del gobierno para paliarlo. Un crecimiento económico demasiado desigual, en el que sólo unos pocos han acumulado grandes riquezas mientras la gran masa seguía trabajando a sueldos irrisorios, ha hecho ya estallar el movimiento sindicalista. El sentido asiático de sacrificio por la comunidad podría contener los enfrentamientos, pero no podrá evitar que acaben explotando con mayor virulencia.
Sin duda esta marcha será más larga y más complicada que la primera. En juego está la creación de un estado moderno, que ya no lleve pegada la coletilla de “en vías de desarrollo”. En juego estará también la propia supervivencia del Partido Comunista chino.


