La Unión Soviética había llegado a su fin y Bielorrusia proclamaba su independencia. Era 1991. Un nuevo país que necesitaba reconstruir su economía y su sociedad. En 1995 se introdujo el libre mercado con sus vecinos rusos, a la vez que Alyaksandr Lukashenka (presidente desde 1994) apuntaba a desarrollar una relación estrecha con Rusia.

Este panorama dio paso a un crecimiento espectacular en el comercio bilateral, apoyado por diferentes tratados en los que se hablaba de unión monetaria, mismos derechos, ciudadanía única y políticas de defensa y exterior comunes. En este sentido, negociaciones con el Banco Central Ruso en relación al sistema monetario único dieron paso a un primer acuerdo para introducir el rublo en Bielorrusia en 2004. El plan no se llevó a cabo y se habló entonces de 2005. Luego 2006. Y ahora parece que se ha suspendido definitivamente.

Rusia es el mayor y más importante socio comercial de Bielorrusia. Desde un punto de vista político y económico. El país confía en el gas y petróleo rusos, y exporta la mayor parte de sus bienes al mercado de éste país. Además, un punto a tener en consideración es que el mayor gaseoducto entre Rusia y Europa corre por tierras bielorusas.

Sin embargo, este escenario empezó a cambiar en 2004. Una serie de disputas (ha habido muchas más) sobre el precio que Bielorrusia pagaba por el gas ruso empezó a enrarecer las fluidas relaciones entre el Kremlin y Lukashenka. Fue entonces cuando el Kremlin anunció un cambio de política, secando las subvenciones que habían ayudado al país a fortalecer su economía y subiendo el precio que estos pagaban por el gas ruso. Corría el año 2006 y Bielorrusia se enfrentaba a unas elecciones generales.

El país presidido por Lukashenka abrazó entonces los créditos de países occidentales y Rusia empezó a alejarse de la figura del presidente bielorruso. Estaba claro que el Kremlin no quería subvencionar aliados cuya lealtad podía ponerse en duda.

La periodista rusa Yulia Kalinina describió en aquel momento la relación Putin – Lukashenka como:

Close relatives who actually can’t stand each other; At their meetings, they smile and kiss, but when they have departed they lean against the wall breathe a sigh of relief and say ‘Ugh!’

Pero la verdad es que Bielorrusia aún depende de sus vecinos en cuanto a energías no renovables y mercados económicos. Aún a pesar de ver como las relaciones entre ellos se tensaban más el pasado verano tras un nuevo episodio de desacuerdos en el precio a pagar por el gas ruso y las elecciones generales en Ucrania. El Kremlin ha aumentado su presión sobre el gobierno Lukashenka desde entonces.

Alyaksandr Lukashenka alejaba posibles fantasmas asegurando que “siempre hemos estado y estaremos juntos. Bielorrusia permanecerá siempre como una base en la que confiar para Rusia”.

Pero las relaciones entre ambos países se han visto dañadas no sólo por problemas económicos, sinó por razones políticas. Bielorrusia se mostró contraria a apoyar Rusia en la voluntad de reconocer la independencia de las antiguas repúblicas del sud de Ossetia y Abkhazia, en Georgia. Ésto no hizo más que aumentar tensiones entre ambos gobiernos.

Lukashenka ha dejado de caer bien en Rusia y el Kremlin, además de criticarlo públicamente, ha estado monitorizando la oposición belarrusa (que ha crecido a pasos de gigante) con el objetivo de encontrar nuevos aliados. Parecerá extraño, pero hoy en día es la oposición la encargada de hacer un llamamiento público a restablecer relaciones con Rusia.

Sin embargo, Bielorrusia ha buscado, al mismo tiempo, jugar un papel más ‘pro europeo’ debido a las presiones occidentales para llevar a cabo una elecciones libres y democráticas y los numerosos créditos procedentes de occidente que ayudan a sostener su economía. El país debe devolver la totalidad estos créditos para 2013, año en el que también está planteado el cierre del gaseoducto que recorre tierras bielorrusas.

La situación puede que sea totalmente diferente para entonces, aún así, lo importante es el ahora y Rusia no tiene prisa para ver un cambio en el gobierngo. Desde el Kremlin se cree que la oposición aún no es suficientemente madura para dar el paso hacia la era post-Lukashenka. Está por ver los resultados que depararán los próximos comicios y la posición en la que queda tanto Lukashenka como la oposición para ver el lado que tomará Rusia en el futuro.



 Relaciones entre Rusia y Bielorrusia

Sobre el autor: Rubén Martínez


Rubén Martínez es licenciado en Periodismo por la Universidat Rovira i Virgili de Tarragona y con Máster en Periodismo Internacional en University College Falmouth del Reino Unido. Ha trabajado para Onda Cero, EFE, Euronews y NBC. Con experiencia en la Europa del Este y las antiguas repúblicas soviéticas, ahora emprende la aventura sudamericana; destino Bogotá.

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