José Manuel Barroso y Van Rompuy con el presidente chino Hu Hintao el pasado 14 de febrero en Pekín / Foto: Servicio de prensa de la CE

José Manuel Barroso y Van Rompuy con el presidente chino Hu Hintao el pasado 14 de febrero en Pekín / Foto: Servicio de prensa de la CE

Lo confirmó la Comisión Europea hace un par de semanas: Europa cerrará 2012 con más recesión de la esperada. El crecimiento económico sigue preocupando a los líderes europeos mientras la crisis de la deuda soberana se estanca: la confianza, que iba a traer de vuelta la normalidad de los mercados financieros internacionales mediante la austeridad, sigue sin aparecer por el continente, que tampoco ha visto materializadas las promesas de los BRIC de comprar bonos para evitar el contagio a sus economías.

Los denominados “países emergentes” (esos que muchos ya denominan “emergidos”) Brasil, Rusia, India y China mantuvieron un encuentro a finales de septiembre de 2011 en Washington aprovechando una reunión del Fondo Monetario Internacional. Del encuentro trascendió su compromiso por prestar apoyo financiero a las deudas soberanas de los países europeos más presionados por las primas de riesgo y los altos intereses por financiarlas.

Ese anuncio fue una señal notoria de que la crisis financiera que estalló en 2007 cambiaría el mundo para siempre: no sólo Europa pasaba a formar parte de los estados en apuros sino que sería auxiliada por un grupo de países que, a lo largo de la historia reciente, han estado acostumbrados a recibir ayuda en lugar de a darla.

Sin embargo, muchos meses han pasado desde este anuncio sin que la iniciativa se haya materializado en acciones concretas. Una inversión conjunta de estos cuatro países en títulos de deuda europeos hubiera tenido efectos casi inmediatos si se hubiese orquestado de manera coordinada. El fin, claro está, nunca tuvo la intención de ser altruista: estas economías temían un posible contagio que al final no se ha producido.

Por otro lado, si tras la destitución de DSK como director gerente del FMI los BRIC se unieron para proponer un candidato alternativo al europeo, en este momento no alcanzan un acuerdo para aumentar su contribución a la institución financiera, toda vez que ha quedado demostrado que el peso de estas economías les compromete a una mayor couta.

La UE, que tradicionalmente celebra cumbres estratégicas con cada uno de estos países, no ha saldado ninguna de las más recientes con éxitos contundentes. Las últimas celebradas, con India y con China, han tenido lugar a mediados de febrero en Nueva Delhi y Pekín.

Los encargados de volver a Bruselas con un acuerdo potente son los dos máximos mandatarios de la Unión: Herman Van Rompuy, presidente del Consejo Europeo, y José Manuel Durao Barroso, presidente de la Comisión Europea, lo que revela el interés de la UE por otorgar a estas cumbres el mayor peso diplomático. Ambos están legitimados para representar oficialmente a la UE sólo desde el Tratado de Lisboa, que les da potestad para firmar acuerdos internacionales en nombre de los Veintisiete.

Van Rompuy y Barroso se desplazaron a Nueva Delhi y Pekín, pero no consiguieron cerrar ningún acuerdo ambicioso, ni mucho menos una referencia explícita al compromiso de estos países por apoyar financieramente a la Unión Europea en estos momentos de dificultades, ni en la declaración conjunta con el primer ministro indio, Manmohan Singh, ni en la publicada desde Pekín, con el primer ministro chino Wen Jiabao.

La crisis del euro tampoco ha interesado a las máximas economías mundiales: la cuestión no ha sido abordada en ninguno de los calendarios del G-20 en su última reunión en México.

La Unión Europea se enfrenta a la pérdida de relevancia internacional y al desafío de hacer frente a sus problemas sin grandes expectativas de que acudan en su auxilio. Algo que, por otra parte, parece preocupar más a la propia UE como institución que a los líderes nacionales, encerrados en un proceso de negociación que culminará pronto en la ratificación de un nuevo Tratado que, por vez primera, no será unánime.

Sobre el autor: Vicente Rodrigo


Analista político, especialista en asuntos públicos y comunicación política. Vicente Rodrigo ha trabajado en el seno de las instituciones europeas en Bruselas y ha gestionado la comunicación y las relaciones externas de eventos, organismos públicos y grupos como la plataforma Con Copia a Europa.

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