11 de marzo de 2011. Bakú, capital de Azerbaiyán, vive la primera de una serie de protestas antigubernamentales, en las que centenares de personas piden, pacíficamente, reformas democráticas y un mayor respeto por los derechos humanos en el país del Cáucaso. Aunque son relativamente pocos, los manifestantes se inspiran en los populares levantamientos de Oriente Medio y el norte de África, movilizándose a través de las redes sociales. El gobierno azerbaiyano rápidamente prohíbe cualquier tipo de concentración pública, y la policía no duda en utilizar la violencia para dispersar a las pequeñas masas, arrestando incluso a centenares de personas. Un año después, la esperanza de una mayor libertad parece, más que nunca, remota.
La del día 11 de marzo (“Día de las Personas Extraordinarias” en Azerbaiyán) fue la primera de las protestas organizadas a través de la red. 4.000 personas mostraron su disposición a acudir al evento, pero la polícia del país “se aseguró” de que tanto los activistas más prominentes, así como parte de los organizadores de la marcha, fueran arrestados antes del evento. Un centenar de manifestantes se concentró en una de las céntricas plazas de la capital, Bakú. El balance, 43 detenidos y una decena sentenciados a cortas penas de cárcel.
A ésta le siguieron otras movilizaciones:
- 12 de marzo; Musavat, el partido de la oposición, llama a una protesta pacífica que pide la dimisión del presidente Iljam Alíev. El gobierno niega el permiso a cualquier concentración pública, pero más de 300 personas se reúnen en la Plaza de la Fuente, un lugar popularmente conocido en la capital. Las fuerzas de la autoridad cargan con dureza y violencia. 100 personas son detenidas, 30 pasan a disposición judicial y son condenadas a cortos períodos de detención.
- 2 de abril; centenares de manifestantes llegan de nuevo a la Plaza de la Fuente para una nueva marcha pacífica y se encuentran el lugar acordonado por polícia armada, que no duda en actuar ante mínimos signos de protesta. Agentes de paisano también cargan contra cualquier persona sospechosa. Muchos son violentamente golpeados y arrastrados a furgones policiales. Según testigos, la policía usó gas lacrimógeno y balas de goma para dispersar a los allí congregados. La jornada se salda con 157 detenidos, además de los 17 activistas arrestados en los días previos a la protesta, y algunos daños en la vía pública.
- 17 de abril; nueva jornada de protesta para pedir la dimisión del presidente y la liberación de numerosos activistas detenidos. Las fuerzas de la autoridad vuelven a cargar con dureza contra los congregados. 85 arrestados, entre ellos periodistas y peatones que pasaban por la zona.
Otras movilizaciones menores han seguido a estas desde junio hasta noviembre de 2011.
La fuerza del oro negro
La familia Alíev lleva gobernando el país caucásico en los últimos 19 años. Gueidar Alíev, antiguo ex agente de la KGB, lideró el país desde 1993 hasta 2003, cuando renunció al cargo por enfermedad y le sustituyó su hijo Iljam Alíev, quien ganó unos polémicos comicios ese mismo año y fue reelegido de nuevo con polémica en 2008.
Azerbaiyán ha experimentado un gran desarrollo social y económico en los últimos años gracias a los importantes ingresos procedentes de su vastos recursos energéticos (gas y petróleo), lo que ha garantizado cierta prosperidad y estabilidad política. Este panorama y su privilegiada situación geográfica (se encuentra en medio de la antigua Ruta de la Seda, a caballo entre Asia y Europa) ha posicionado al país como el aliado perfecto en Occidente para, entre otras cosas, asegurar futuros suministros de gas y abrir las puertas de Asia sin tener que depender de Rusia.
Sin embargo, junto a dicho desarrollo económico, también ha crecido el descontento social entre una juventud cada vez más educada y “acostumbrada” a las nuevas tecnologías, que ha utlizado las redes sociales para mostrar su descontento y frustración por los altos niveles de corrupción y la falta de libertad de expresión civil y política en el país.
La voz de la oposición así como de los medios de comunicación no afines al régimen han sido silenciadas en los últimos años, y tanto Amnistía Internacional (quien ha elaborado un informe detallado de la situación) como otras organizaciones internacionales han levantado la voz de alarma en repetidas ocasiones para que el país del Cáucaso libere a todos los presos de conciencia y mejore su registro en derechos humanos.
Poco se ha avanzado hasta hoy, en gran medida, por el “desinterés” de Occidente en cambiar las cosas, y tampoco se espera que nuevas protestas organizadas para jornadas como la de hoy traigan mucho cambio. Ahora bien, quién sabe si el futuro puede hacer florecer la primavera árabe en la conocida tierra “del fuego y el viento”.


