La familia Le Pen siempre ha estado vinculada a la extrema derecha. Pese a los esfuerzos del creador de la dinastía, Jean-Marie, de desmitificar tal tópico, los hechos no acompañan a sus deseos. El Front National pour l’Unité Française está alineado en el marco europeo con otros partidos de dudosa reputación democrática como el Ataka búlgaro o el PRM rumano, ambos relacionados con la violencia xenófoba en sus respectivos países. Le Pen obtuvo fama internacional al ser su partido el que forzara la segunda vuelta ante Jacques Chirac en las elecciones de 2002, apeando a los socialistas de Jospin.
Ahora, y tras décadas de liderazgo del popular Jean-Marie, es el turno de su hija Marine. Auspiciada y entrenada por su padre en el ars retorica, su principal función ha sido quitar el sambenito del partido a toda costa, es decir, quitar el tópico de que el FN es un partido xenófobo y fascista. Ardua tarea después de ver las durísimas críticas al islamismo radical que cree instalado en el país galo (sobre todo tras el incidente en Toulouse). “La matanza de Toulouse pone de manifiesto que se ha deseado minimizar la importancia del proselitismo de quienes siembran el odio y el terror en nuestras ciudades, a través del islam radical”, ha asegurado. El miedo es la mejor baza que tiene el FN para cosechar buenos resultados y es que Francia es un país donde ya hay una tercera e incluso cuarta generación de inmigrantes. Y Marine sabe que su target es aquel grupo de franceses “de toda la vida” (y, por qué no decirlo, próximos al régimen de Vichy) que ven su nación amenazada por su pérdida de identidad. No hace falta señalar que ni el mismísimo presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, ni la mayoría de la selección bleue se salvan de las críticas de la derecha nacionalista por el mero hecho de no tener antepasados galos.
Objetivo: superar a Jean-Marie Le Pen
El objetivo a superar de la segunda generación Le Pen será mejorar los resultados de 2007 (4,3% y un millón cien mil votos), los que marcaron el fin de Jean-Marie Le Pen como político y el ascenso de su hija a la dirección del partido. No lo tiene fácil. De momento las encuestas dicen que será la cuarta fuerza política pero algunas auguran que incluso podría mejorar las cifras de su padre. Si miramos tan solo los últimos sondeos (finales de marzo y principios de este mes) vemos que a la hija del pupille de la nation obtiene una horquilla que va desde el 17% (muy a la par de los resultados de su padre) al 13%. Además, es la política más popular entre los jóvenes de entre 18 y 24 años gracias a su retórica “antisistema” que aboga por la salida de la Unión Europea, la recuperación del franco y la nacionalización de algunos sectores. Es curioso observar como algunas de estas medidas son compartidas por el líder del Frente de Izquierdas, Jean-Luc Mélenchon.
Estas elecciones son mucho más que unos simples comicios para Marine Le Pen y en definitiva para todos aquellos partidos que creen en la “derecha nacionalista”. Las elecciones de abril determinarán la salud de un movimiento que ya se ha extendido con fuerza en Hungría, Finlandia y Holanda y que, si consiguieran ser la tercera fuerza política en Francia, determinarían aún más el poder que esta ideología (mezcla de nacionalismo radical, tradicionalismo y anti europeísta) posee en el continente y agravaría aún más la crisis interna de Bruselas, donde año tras año la crisis da más posibilidades a los euroescépticos (No Euro y no Unión) de obtener un poder importante. Y es que Marine no es tan solo el último cartucho de la dinastía Le Pen, sino el termómetro de la radicalización del continente.
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