Es ya un lugar común decir que Asia es el continente del futuro, y dadas las cifras de crecimiento no resulta ni mucho menos descabellado afirmarlo. No en vano, muchas de las economías que más rápido crecen están en Oriente y ese crecimiento se ha sostenido, con algunos altibajos, durante más de una década. Y sin embargo, en esta gigantesca porción del mundo vive más del 60 por ciento de la población desnutrida del planeta.

El estudio Seguridad Alimentaria y Pobreza en Asia y el Pacífico realizado por el Banco Asiático de Desarrollo (BAD) revela que si bien las tasas de pobreza se redujeron notablemente en los últimos veinte años, apenas se reduce la proporción de personas hambrientas. Entre 1990 y 2009, el porcentaje de personas que viven con menos de 1,25 dólares al día (algo menos de un euro),  bajó del 50 al 22. En cambio, la proporción de niños malnutridos bajó sólo del 26 al 18 por ciento. Es en el sur del continente donde más se sufre el problema, allí vive el 60 por ciento de la población hambrienta de Asia. Si se atiende a las cifras absolutas, resulta alarmante observar que mientras el número de pobres se redujo de 1.900 millones en 1990 a 1.300 millones en 2008, la cantidad de personas desnutridas se incrementó en 42 millones entre 1995 y 2008 (de 526 millones a 568 millones). A veces resulta difícil poner caras a estos números, imaginar a las millones de familias que viven en el campo pendientes del monzón, o de que el próximo tifón no les eche a perder su modesta cosecha de arroz, o a los otros millones que probaron suerte en alguna de las macro urbes del continente y viven hacinados en chabolas montadas con cuatro trozos de chapa y unos cartones, alimentándose con apenas un poco de arroz y  lo que encuentran en la basura.

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Niños en un arrabal de la ciudad de Cagayan de Oro, al sur de Filipinas. Foto: Eric San Juan

Según la FAO, en 2010 578 millones de personas padecen malnutrición en la región de Asia-Pacífico, mientras que en el África subsahariana son 239 millones. Llama la atención el caso de India, que se postula como una de las economías dominantes del futuro, pero se ve incapaz de atajar el problema del hambre. El 44 por ciento de los niños indios menores de 5 años tenían un peso inferior a lo normal en 2009 y un 48 por ciento tenían problemas de crecimiento debido a la malnutrición.

El auge de las clases medias en Asia

¿Por qué persiste el hambre en un continente que ha conseguido quizá el milagro económico más fulgurante de la historia de la humanidad? La primera razón que apunta el BAD es el precio de los alimentos. Para las familias que viven en el umbral de la pobreza, cualquier incremento de precios supone un revés a veces inasumible. El informe del BAD señala que en la última década, los precios de los alimentos han subido más que los de otros bienes, lo que perjudica más a los que menos tienen. Son precisamente los más pobres quienes gastan una mayor proporción de sus ingresos en comida, entre el 60 y el 70 por ciento. El alza de los precios de los alimentos explica en buena parte el desajuste entre la reducción de la pobreza y la del hambre. Según el informe, 112 millones de personas podrían haberse librado del hambre en la última década de no ser por el alza de los precios de los alimentos.

Curiosamente, uno de los factores que han contribuido al aumento de los precios (además del cambio climático o los desastres naturales o el aumento de los precios del petróleo) es el desarrollo económico. Por un lado, el crecimiento urbano ha invadido terrenos antaño dedicados a la agricultura, con el consiguiente descenso en la producción. Y por otro, la aparición de una clase media con nuevos hábitos de consumo en el que se sustituyen cereales como el arroz por más carne, frutas y verduras, que requieren más agua y otros nutrientes , lo que contribuye a aumentar el precio de los alimentos.

Para solucionar el problema, el estudio recomienda una mejor gestión de los alimentos, ya que se desperdicia en torno al 20 por ciento y una segunda revolución verde, que permita aumentar la productividad del campo y la resistencia de las semillas ante el cambio climático. Asimismo, apuesta por la creación de un “fondo de alivio del hambre” que represente el uno por ciento del Producto Interior Bruto (PIB) para usarlo en caso de que los precios se pongan fuera del alcance de los más desfavorecidos.

Este fenómeno se produce en mitad de una explosión demográfica en un continente en el que viven 4.100 millones de personas y donde en 2050, según las estimaciones de Naciones Unidas, residirán al menos mil millones más. Como apuntó el director general del BAD en el Pacífico, Xianbin Yao, durante una reciente cumbre de este organismo en Manila, en un mundo con un crecimiento demográfico tan fuerte, “una de las claves del desarrollo de Asia será asegurar la seguridad alimentaria”.

 El desarrollo apenas frena el hambre en Asia

Sobre el autor: Eric San Juan


Es licenciado en Periodismo por la Universidad de Navarra. Trabajó durante casi tres años como redactor de Economía y Política en el periódico Noticias de Gipuzkoa, hasta que una beca le llevó a Vietnam, donde reside actualmente. Entre 2010 y septiembre de 2012 trabajó como corresponsal de la Agencia Efe en Filipinas.

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