
Varios agentes de la policía griega se ven envueltos en llamas durante los enfrentamientos con un grupo de manifestantes violentos al final de una marcha multitudinaria y pacífica convocada con motivo de la celebración del Día del Trabajo, en Atenas. Foto: Globovisión (Flickr).
Los sobresaltos han dejado de ser inesperados en el horizonte europeo. En este momento, el continente atraviesa una fase en la que se manejan sin tapujos los peores escenarios posibles; las malas noticias se suceden, pero ya sin apenas capacidad de asombro en un contexto agónico, donde cunde la percepción general de que lo peor aún está por llegar.
Grecia, Portugal e Irlanda son la muestra de que algo no marcha bien en la Unión Europea: tres países intervenidos, al servicio de la deuda y con una soberanía nacional limitadísima que, sin embargo, no terminan de ver la luz al final del túnel.
El continente europeo está asistiendo en primera persona a una nueva forma de esclavitud: la de los Estados ante el pago de sus deudas, unas deudas fraguadas en base a gestiones ineficientes en unos casos e irresponsables en otros y que hoy están sumiendo a todos los estratos de la sociedad en una indignidad sin límites.
El desfase democrático de nuestros días llega a límites tan insospechados como el de Grecia, a quien la UE, el FMI y los mercados presionan para que introduzca en su constitución una disposición que garantice el pago de la deuda aunque para ello tenga que desatender necesidades básicas de sus ciudadanos.
En este contexto, sólo la intervención de Bankia podía hacer las cosas aún peores. El paso de gigante que ha colocado a España definitivamente en el epicentro de los males del continente. Y como siempre, la descoordinación: mientras Merkel se lanzaba por fin a enviar un mensaje inequívoco de apoyo a la economía española y la vicepresidenta del Gobierno español se camelaba al Gobierno estadounidense en Washington, el presidente del BCE, figura que desempeña un papel crítico en esta crisis, afirmaba que no se podían haber hecho peor las cosas.
La salida de Grecia del euro, la ampliación de los rescates de Portugal e Irlanda y la intervención de España (o como vayan a llamarlo) no son ya temas tabú. Los altos mandos del FMI y la UE ya tienen en los cajones de sus despachos una hoja de ruta con esas posibilidades.
El rescate al sector financiero español ya está en marcha, aunque se buscarán todas las fórmulas posibles para evitar la palabra “rescate”.
La sensación de vértigo disminuye mientras se instala un pesimismo generalizado. Sólo el nivel de aguante de la fatiga de los europeos determinará la evolución de los acontecimientos. Desde Miradas de Internacional seguiremos con atención la hoja de ruta en la que trabaja Bruselas y el próximo Consejo Europeo que se celebrará a finales de mes, donde la palabra “decisivo” volverá a acompañar a todos los titulares.


1 comentario
Mostoboy
says:
Jun 6, 2012
Y espérate que ahora llega Chipre.