oxfam 600x400 Río+20: ¿es posible otro modelo económico?

Cartel de Oxfam para una campaña sobre Desarrollo Sostenible./ Oxfam

Hace 20 años, los representantes de casi 180 países se reunieron en la ciudad brasileña de Rio de Janeiro para iniciar una cumbre que luego sería tildada de histórica. Fue la llamada Cumbre de la Tierra (aunque la celebrada en Estocolmo en 1972 y en Johannesburgo en 2002 también fueron llamadas así), una reunión que, con problemas como el agujero en la capa de ozono o la deforestación como fondo, se planteó un nuevo modelo para minimizar el impacto negativo del crecimiento económico. Las discusiones giraron en torno al concepto de desarrollo sostenible, surgido pocos años antes, cuyas características se plasmaron en la Declaración de Río o Carta de la Tierra:

Principio 1: Los seres humanos constituyen el centro de las preocupaciones por el desarrollo sostenible. Tienen derecho a una vida saludable y productiva en armonía con la naturaleza. [...]

Principio 3: El derecho al desarrollo debe ejercerse en forma tal que responda equitativamente a las necesidades de desarrollo y ambientales de las generaciones presentes y futuras.

Principio 4: Con el fin de lograr el desarrollo sostenible, la protección del medio ambiente deberá constituir parte integrante del proceso de desarrollo y no puede considerarse en forma aislada.

Principio 5: Todos los Estados y todas las personas deberán cooperar en la tarea esencial de erradicar la pobreza como requisito indispensable del desarrollo sostenible, con el fin de reducir las disparidades en los niveles de vida y atender mejor las necesidades de la mayoría de los pueblos del mundo. [...]

Principio 8: Para lograr el desarrollo sostenible y una mejor calidad de vida para todas las personas, los Estados deberían reducir y eliminar los patrones insostenibles de producción y consumo insostenibles y fomentar políticas demográficas apropiadas. [...]

Principio 20: Las mujeres tienen un papel fundamental en la ordenación del medio ambiente y el desarrollo. Su plena participación tanto, es esencial para lograr el desarrollo sostenible. [...]

Principio 22: Los pueblos indígenas y sus comunidades y otras comunidades locales tienen un papel fundamental en la ordenación del medio ambiente y el desarrollo debido a sus conocimientos y prácticas tradicionales. Los Estados deberían reconocer y apoyar debidamente su identidad, cultura e intereses y hacer posible su participación efectiva en el logro del desarrollo sostenible.

Según esta definición, el desarrollo sostenible no se limitaba a la simple protección del medio ambiente, como se ha entendido a menudo desde entonces, sino que el concepto nacía de la necesidad de asegurar el bienestar de todo ser humano. Se incluían así ideas como la lucha contra la pobreza, el respeto a las comunidades indígenas o a la vida saludable de las personas.

Veinte años después, la misma ciudad acoge una nueva Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible, a la que se ha llamado Rio+20 en recuerdo de la primera, que también tiene la necesidad de ser histórica. Porque tras dos décadas, ese desarrollo sostenible parece más lejano que nunca y, a pesar de que se han obtenidos algunos logros importantes desde entonces, el desacuerdo de la comunidad internacional sobre cuáles son los sacrificios que cada país debe hacer se ha puesto de manifiesto en las sucesivas cumbres internacionales celebradas contra el cambio climático (ver el especial de Miradas de Internacional sobre la cumbre de Cancún en 2010).

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Ese será el principal reto de la Cumbre que empieza el próximo día 20 de junio y que solo durará hasta el 22 (a pesar de que sus prolegómenos han empezado hace ya varios días). Y, de nuevo, llegar a un acuerdo no será fácil. Según asegura Miguel Ángel Soto en un artículo para Foreign Policy, el llamado “zero draft” (borrador cero), cuyas negociaciones “informales” comenzaron en enero de 2012, es un texto que, a falta de la última ronda de discusión, sólo está consensuado en un 20% del mismo. La mayor parte de los párrafos (incluidos los epígrafes) están por acordar y, aunque Naciones Unidas asegura que están cerca del consenso en muchos de ellos, el autor es pesimista sobre algunos aspectos clave, como la revisión del modelo de consumo excesivo (el modelo de vida americano es intocable, como decía Bush Jr.) y de los patrones clave en la producción. No obstante, según el artículo de Soto, hay dos motivos principales para ser optimistas:

  • Es probable que de la reunión salga un mandato para comenzar las negociaciones sobre la protección de las Aguas Internacionales, que pretende proteger la sobreexplotación de un 64%  de la superficie oceánica.
  • Es posible que, en Rio+20, el Programa de Medio Ambiente de Naciones Unidas (UNEP) se transforme en una agencia con un presupuesto real y poderes de implementación.

Pero la crisis en la que están inmersos los países occidentales, principalmente los europeos, no facilitará la tarea de ser más revolucionarios y llegar a acuerdos que den pasos firmes hacia otro modelo económico que conjugue el beneficio empresarial con el bienestar social y la protección al medio ambiente. Durante esta semana, en Miradas de Internacional repasaremos en un especial con motivo de esta Cumbre de Rio+20 algunas ideas que han surgido durante los últimos años para hacer posible ese desarrollo sostenible que, en un mundo con recursos finitos y una población creciente, se ha vuelto imprescindible.

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Sobre el autor: miradasdeinternacional


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