
Bruselas intentará marcar el camino a seguir en la Conferencia de Naciones Unidas / Foto: Servicio de prensa de la Comisión Europea.
Inmersa en una crisis que le impide mirar más allá de su propio ombligo y aturdida ante unas medidas que no terminan de cuajar ni surtir efecto, la Unión Europea asiste a Río+20 con los deberes hechos.
Si de algo pueden presumir los veintisiete es de tener una de las agendas más ambiciosas en materia de crecimiento sostenible, respeto al medio ambiente y cuidado de la biodiversidad. Y si bien es cierto que la UE necesita mejorar la puesta en práctica de sus ideas sobre el papel, nadie puede reprocharle que haya dejado de lado los desafíos futuros a los que se enfrenta el planeta.
La Conferencia de Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible, sin embargo, es una cumbre necesaria que llega en el peor de los momentos; en plena tormenta financiera, ante la amenaza de una recesión global y con una agenda política global en cuyo “top ten” no figura ni uno solo de los objetivos que pretende conseguir esta cita.
Río+20 tiene que hacer frente a uno de los peores escenarios posibles, conseguir avances significativos en el momento menos propicio y calar en la opinión pública compitiendo por los titulares en la prensa con los grandes temas del momento: la crisis del euro y las convulsiones que atraviesa el continente europeo.
Con todo, entre las principales propuestas que llegan de Bruselas se encuentran tres irrenunciables:
- El establecimiento de una hoja de ruta con objetivos concretos, evitando expresiones vagas o ambiguas, que establezca una relación específica de contribuciones significantes.
- Marcar un objetivo vinculante de reducción de emisiones de CO2 que sea respetado por la comunidad internacional.
- Establecer indicadores de crecimiento que vayan más allá del PIB, dado que éste sólo refleja la producción y no tiene en cuenta otras variables como la sostenibilidad medioambiental, el uso del capital humano, la inclusión social o la eficiencia de los recursos.
En sus conclusiones del pasado mes de marzo, el Consejo Europeo vino a decir que no es necesario celebrar tantas cumbres cuando ya hay sobre la mesa medidas que se han debatido en foros anteriores y que aún no se han aplicado, como la Conferencia de Durban sobre cambio climático, el Foro de alto nivel en Busan sobre la eficacia en ayudas y desarrollo, o los propios Objetivos del milenio, donde se han sentado muchas de las bases necesarias para un cambio de modelo.

El comisario europeo de Medio Ambiente a su llegada a Río de Janeiro / Foto: Servicio de prensa de la CE
La Comisión Europea, que reconoce la necesidad de dar un “ímpetu político renovado” a estas cuestiones a través de un foro global como éste, ya promovió la Estrategia 2020, un conjunto de iniciativas transversales cuya meta principal es la de preparar al continente hacia un futuro sostenible, eficiente en recursos y bajo una economía baja en carbono.
Y aunque pase desapercibido, el continente europeo va un paso más allá de los objetivos globales y ya ha puesto en marcha planes de sostenibilidad sobre los recursos hídricos en el campo, el uso de fuentes renovables para el transporte y la producción y consumo sostenible de energía.
Además de la batería de propuestas ya consolidadas, Bruselas también propondrá dos medidas adaptadas a tiempos de crisis: la necesidad de que el sector privado contribuya a estos objetivos en un momento en que las arcas públicas están vacías y la promoción de partenariados internacionales que mejoren el acceso a las fuentes de energía, el uso del agua y la seguridad alimentaria. Precisamente en este punto la UE puede aportar sus conocimientos sobre colaboración transfronteriza.
El comisario europeo de Medio Ambiente, Janez Potočnik, ha declarado que la Unión Europea asiste a Río con el compromiso de luchar “hasta el ultimísimo momento” por conseguir consensos políticos y objetivos ambiciosos, aunque el precedente hace prever un texto final descafeinado sin compromisos vinculantes.
Lamentablemente, la voz de Europa en el mundo dista mucho de ser influyente y mucho menos de ser capaz de marcar la agenda. Hoy por hoy, la comunidad internacional parece decidida a seguir primando la variable crecimiento por encima de la variable sostenibilidad. Las propuestas que Bruselas se lleva a Río servirán poco más que para enriquecer el debate sobre el futuro de nuestro planeta, un “global issue” que tendrá que esperar en un cajón a que vengan tiempos mejores.
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