Los últimos datos de crecimiento económico de China no han dejado indiferentes a nadie. La segunda economía del mundo ha crecido, por primera vez en tres años, por debajo del 8 por ciento y los rumores sobre una caída de la potencia se han disparado. El Fondo Monetario Internacional no ha tardado en reaccionar y ha reducido la previsión de crecimiento para el país en 2012 al 8% y ha alertado de un posible enfriamento de su economía. La preocupación es comprensible porque Occidente ve en China su última balsa de rescate para salir de la crisis.
Es cierto que la economía de China se ha ido desacelerando poco a poco durante los últimos dos años. Tras recuperarse de una primera caída importante a finales de 2008, provocada por el estallido de la crisis financiera en Estados Unidos, China comenzó de nuevo su descenso en el segundo trimestre de 2010.
Fue con los primeros signos de enfriamiento en Estados Unidos que Pekín decidió cambiar su estrategia exportadora e impulsar el consumo interno como motor de crecimiento. El Plan de Estímulo del Gobierno, anunciado en noviembre de 2008, preveía una inversión de 586.000 millones de dólares que serían invertidos en sectores como la vivienda, infraestructuras, transporte, salud o educación. El gobierno pretendía además mejorar su recaudación fiscal e impulsar las finanzas.
El propio primer ministro de China, Wen Jiabao, reconoció, tras la publicación de los últimos datos, que esta estrategia aún no está “estabilizada”, pero que las cifras de crecimiento entran dentro de las previsiones del 7,5 por ciento que hizo el gobierno para 2012. Sin duda, China, como el resto de Asia, no es inmune a la crisis europea, continente que supone uno de los principales mercados para sus exportaciones. Sin embargo, no todos están de acuerdo con que la situación sea tan preocupante.
¿Hay realmente signos de crisis en China?
Los datos publicados por el National Bureau of Statistics de China se refieren al crecimiento trimestral comparado con el crecimiento del mismo trimestre del año anterior. Sin embargo, si se toman los datos de crecimiento de un trimestre con respecto al anterior, el gráfico es muy diferente, como pone de manifiesto un artículo del Wall Street Journal. En el artículo, se toman los datos anualizados, es decir, multiplicados por cuatro para calcular el supuesto crecimiento que tendría el país en el caso de que se mantuviera estable. Así, el crecimiento anualizado de este trimestre sería del 7,4 por ciento, casi un punto por encima del 6,6 del trimestre anterior (el NBSC da los crecimientos simples entre trimestres, 1,6 por ciento para el primero y 1,8 para el segundo). Por tanto, China estaría recuperando crecimiento.
Otro reciente artículo en Time asegura además que una ralentización de la economía de China es simplemente inevitable. “Cuanto mayor sea la economía de China, más difícil será alcanzar las tasas de crecimiento de dos dígitos. Es simplemente algo normal en el proceso de desarrollo”, dice el artículo firmado por Michael Schumann.
Pero no deja de haber algunos datos preocupantes. El primero es, simplemente, que los datos no son fiables, por lo que es difícil evaluar el estado real de la economía china. Las últimas estadística de crecimiento no son una excepción y han sido acusadas de estar “fabricadas” dado que el consumo de electricidad ha descendido mucho más rápido que el avance del PIB.
Otro de los grandes quebraderos de cabeza de China durante años ha sido el incremento de los precios. China ha estado años luchando por evitar que la inflación se dispare, hasta tal punto que ahora la preocupación es una posible deflación después de que los precios subieran solo un 2,2% en junio, el valor más bajo en 29 meses.
Pero el aumento de precios ha sido la tendencia general durante los últimos años y los analistas aseguran que ha afectado especialmente al sector inmobiliario, en una burbuja muy similar a la vivida en Estados Unidos o España. En lo que no consiguen ponerse de acuerdo es sobre si la burbuja explotará o si el gobierno podrá contenerla.
El mercado interno de China, una oportunidad
China ha basado su crecimiento durante las últimas dos décadas en las exportaciones. Con una mano de obra numerosa y barata, las multinacionales vieron en el antiguo imperio una base perfecta para deslocalizar su producción, mientras que las propias empresas chinas comenzaban a privatizarse y a ofrecer sus productos “Made in China”. Comenzó entonces el crecimiento de dos dígitos China, pero el modelo del dragón asiático no podía durar para siempre.
El crecimiento económico vino con un aumento del nivel de vida y de las presiones por mejorar las condiciones laborales, especialmente los salarios. Los trabajadores chinos ya no son tan baratos (aunque sí numerosos, principal razón que ha dado Apple para seguir trabajando allí), pero ahora tienen más dinero para comprar. China ha pasado de ser la fábrica del mundo a un cliente en potencia para las empresas europeas y americanas. Y eso también puede ser positivo para la recuperación en el estancado Occidente.




