2366847728 8cd68f9e6c El rompecabezas antillano

Bandera de Curaçao pintada en una roca // Fuente: Mingo Hagen, Flickr

Si son ustedes de los que suelen fijarse en todos aquellos detalles curiosos que se suceden durante las más de tres horas que duró la ceremonia de apertura de los JJOO de Londres, de buen seguro se percataron de la pequeña delegación que desfiló bajo la bandera olímpica. ¿A qué se debe? Muy fácil: los atletas “apátridas” provienen de zonas que aún no cuentan con Comité Olímpico propio. Había un atleta de Sudán del Sur y tres de Curaçao, una isla de las que conformaban las ya disueltas Antillas Neerlandesas.

Lo extraño de este suceso es que otra de las islas que conformaban el archipiélago (hablamos de Aruba) sí posee comité propio. ¿Entonces dónde está el error? ¿Por qué Aruba sí y las demás islas no? Esta duda nos motivó a escribir este artículo.

Conquistadas por España y posteriormente colonizadas por los Países Bajos, las islas de Aruba, Bonaire, Curaçao, San Martín (pronunciado Sint Maarten en holandés), San Eustaquio y Saba gozaron de un estatuto parecido hasta que en 1986, la primera obtiene una autonomía diferente de las demás islas, lo cual la “independizaba” de ellas en cierto grado. Desde ese momento la pequeña ínsula posee parlamento propio, representación internacional en una amplia gama de deportes, etc. Pese a ello, todos sus habitantes siguen poseyendo la doble nacionalidad aunque Aruba, a diferencia de otros territorios como Guadalupe o Reunión, no forme parte de la Unión Europea. Mientras tanto, las otras cinco islas se unieron formando el territorio autónomo conocido como Antillas Neerlandesas.

Pese a ello, esta “unión” no cuajó y la tensión de la región se vio acentuada con las pretensiones secesionistas de Sint Maarten, la cual  obligó a la metrópolis a desarrollar un nuevo estatuto que solucionara de una vez por todas el conflicto antillano. Durante los años 2000 y 2005 las diferentes islas votaron si querían seguir formando parte del modelo vigente, si querían tener más lazos con el Reino de los Países Bajos (como Reunión y Francia), si querían un estatuto aparte como el arubeño o si querían la independencia total. Tal cantidad de opciones provocó que el referendo en cada isla diera un resultado diferente, complicando aun más las cosas. La mayoría de Bonaire y Saba eligieron la opción de acercarse más a Holanda mientras que San Eustaquio votó mayoritariamente por mantener el status vigente y Curaçao y San Martín hicieron lo mismo pero con la opción de obtener un estatuto nuevo que les garantizara más autonomía. Es curioso el detalle que en ninguno de los territorios la opción independentista sacó más del 5% de los votos.

Finalmente, en 2010, Curaçao y Sint Maarten obtuvieron el mismo status que el de los arubeños, siendo ahora países autónomos que conforman los Países Bajos junto con Aruba y la propia Holanda.

Por otro lado, las islas que votaron a favor de acercarse más a la metrópolis ahora gozan de la misma autonomía que las que componen el archipiélago frisón. Serán oficialmente parte de la Unión Europea y podrán votar en las elecciones nacionales y europeas. Pese a ello podrán mantener el florín antillano como moneda en lugar del euro además de poder tener exenciones en algunas partes de la legislación neerlandesa.

Así pues, el hecho de que los atletas antillanos no compitan bajo la bandera de Curaçao o Sint Maarten (en caso de ser de Bonaire, por ejemplo, lo haría bajo la tricolor) se debe a que no han tenido oportunidad de conformar su propio comité olímpico y se negaron a participar bajo bandera arubeña u holandesa. De hecho, el caso de los “atletas independientes” no es nuevo dado que en el año 2000, los atletas de Timor participaron bajo esta bandera al igual que en los juegos de Barcelona’92 los atletas de Yugoslavia (de la cual solo quedaba Serbia y Montenegro) y FYROM.

 El rompecabezas antillano

Sobre el autor: David González


David González Caballero es estudiante de Magisterio en la Universidad de Barcelona. Actualmente compagina sus estudios con la administración de su blog, El Internacional, y su vertiente literaria. Tiene en su haber más de 60 premios literarios tanto nacionales como internacionales. En 2011 publicó su primer libro “XVIII Anys de Contes”.

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