211068804 b12443a7e3 Pitcairn: la remota isla británica

Isla Pitcairn. Fuente: MJ Patterson (Flickr)

Imaginaos una isla alejada de cualquier tipo de masificación. Imaginaos un lugar que está a 2.500km de Tahití, a otros tantos del continente americano y a más de 6.000 de Nueva Zelanda. ¿Se puede vivir en tan remoto lugar? La respuesta es sí y lo más interesante del caso es que forma parte de Europa.

El archipiélago de Pitcairn es un Territorio Británico de Ultramar y como tal, son tan ingleses como aquel hombre nacido en la city de Londres. Su capital es Adamstown y tiene menos de 80 habitantes. ¿Pero qué tiene de especial tan remoto lugar?  Lo curioso de esta gente que vive tan apartada del resto del mundo es que todos ellos descienden de un famoso episodio de la historia de la navegación: el motín de la Bounty. El HMAS Bounty era un carguero armado que cubría la ruta comercial entre las Islas Británicas y la lejana Polinesia. Debido a una serie de trivialidades, sus tripulantes estuvieron obligados a pasar muchos meses en la isla de Tahití, tanto tiempo que alguno prefirió casarse con alguna nativa y quedarse allí de por vida. Una vez el barco zarpó rumbo a Londres, catorce de los cuarenta y cuatro marineros eligieron no retornar al Viejo Continente prefiriendo quedarse donde estaban, así que en medio del Océano Índico hubo un motín y los que querían volver a Europa fueron embarcados en un bote mientras que los demás se quedaron en la Bounty. Éstos, dirigidos por el capitán Fletcher Christian (casado con una indígena polinesia), pusieron otra vez rumbo a Tahití.

Pero había algo que no les permitía a los amotinados quedarse en esa isla puesto que, como importante puerto comercial, estaban a merced de cualquier expedición británica que fuese a la isla con la misión de apresar y ajusticiarles (ser partícipe de un motín en la Royal Navy significaba ser sentenciado a muerte) así que tuvieron que abandonarla. Ocho marineros, seis polinesios, once mujeres tahitianas y un bebé partieron rumbo a algún nuevo edén donde poder criar a sus hijos e hijas, descubriendo de forma casual el archipiélago de Pitcairn. Una vez se asentaron, quemaron la Bounty para borrar todas las huellas de su “crimen” y se dispusieron a vivir de lo que la isla podía producir. Todo esto sucedió entre 1789 y 1790 y aún hoy en día los habitantes de esta isla son descendientes de Fletcher y su tripulación.

El lugar es tan lejano y remoto que no hay manera de llegar en avión: si se quiere visitar Pitcairn hay que ir en barco (y no es barato. El viaje es tan largo que puede costar más de 800 dólares). También cabe destacar que la isla es tan pequeña que cuando ha habido más de cien personas, muchas se han visto obligadas a emigrar para garantizar la continuidad de la comunidad. Y es que pocos barcos pasan al año para abastecer a la población (diez para ser exactos). Pese a ello, poseen una carretera asfaltada y tecnología moderna.

Escándalos en la pequeña isla de Pitcairn

La última noticia que generó tan lejana y apacible isla fue en 2006, cuando se juzgó a un tercio de los habitantes de la isla por violación según la ley inglesa, cosa que enfureció a los pitcairneses dado que las autoridades de la metrópolis jamás habían intervenido en los asuntos del archipiélago. Y es que varias de las mujeres de la isla (las cuales sufrieron las condenas de sus hijos, hermanos o maridos, como es obvio en una población tan reducida) sostenían que desvirgar a las niñas a los 11 ó 12 años era en Pitcairn una “herencia cultural” y por lo tanto defendieron a esos hombres a los que acusaban de “violación”.

Los medios sensacionalistas británicos no tardaron en rebuscar entre aquellas historias que contenían todos los elementos morbosos que tanto gustan a periódicos como The Sun o  el Daily Mirror. Gracias a estos rotativos los ingleses se enteraron que en Pitcairn era socialmente aceptado el adulterio, los juegos sexuales entre niños y las relaciones sexuales a muy temprana edad. Finalmente el gobierno británico decidió intervenir en tan polémico asunto y centrarse, doscientos años después, en lo que hacían aquellos “pecaminosos” habitantes a más de medio mundo de distancia, cosa que resultó en la construcción de la prisión más pequeña del mundo.

Pese a todo ello, en una isla donde todos son familia (los Christian, descendientes del capitán, Warren, Young y Brown), es entendible que se practique la endogamia. Además son el ejemplo vivo de cómo una gente que proviene de la civilización más puritana como lo era la sociedad inglesa del siglo XVIII llega, a través del paso del tiempo y del reducidísimo contacto con el resto del mundo, a un estado de independencia y libertad de su metrópoli.

 Pitcairn: la remota isla británica

Sobre el autor: David González


David González Caballero es estudiante de Magisterio en la Universidad de Barcelona. Actualmente compagina sus estudios con la administración de su blog, El Internacional, y su vertiente literaria. Tiene en su haber más de 60 premios literarios tanto nacionales como internacionales. En 2011 publicó su primer libro “XVIII Anys de Contes”.

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