La mina de la compañía Lonmin en Marikana fue escenario el pasado 16 de agosto del episodio de violencia policial más brutal de la era post-aparheid en Sudáfrica. Tras unos disparos de la policía que intentaba reprimir una huelga ilegal de un sindicato minero, perdieron la vida 34 trabajadores y otros 78 resultaron heridos. Las esperanzas de convertir a Sudáfrica en una potencia económica mundial capaz de enterrar las desigualdades sociales causadas por 40 años de apartheid, sistema político y administrativo basado en la discriminación racial, se desvanecen. Mientras el país reflexiona sobre las causas profundas del malestar social que ha llevado a la situación actual, los fantasmas del apartheid avivan las tensiones entre trabajadores, sindicatos y la clase dirigente.
Los mineros – armados con palos y machetes – pedían a Lonmin un aumento de sus sueldos de los 4 000 rands actuales (unos 400 euros), a 12 500 rands (unos 1.200 euros). Viven en las afueras de las minas, en chabolas o hacinados en casetas donde no llegan ni el agua corriente ni la electricidad. Sus condiciones de vida empeoran cuando la situación macroeconómica actual (estagnación, niveles de paro muy elevados) se suma a una realidad social (analfabetismo, falta de formación y familias numerosas sin ningún otro tipo de ingresos) que les obliga a aceptar este tipo de trabajo para sobrevivir.
Las compañías mineras, los sindicatos y el gobierno de Jacob Zuma
Aunque las minas tienen un peso menor en la economía sudafricana que en el pasado (ahora representan entre el 5 y el 8% del PIB contra el 20% en los años 1960), el sector de la minería sigue siendo estratégico para el país. El hecho de que la demanda de platino, litio y oro de los países desarrollados o en vías de desarrollo crezca sin cesar ha llevado al gobierno sudafricano a mantener y a desarrollar la industria minera sin tomar medidas para frenar la explotación de los 600 000 trabajadores repartidos en las casi 180 explotaciones mineras del país.
Existe una gran tradición sindicalista en el país, en particular en los sectores mineros. Año tras año, sindicatos y directores de las compañías mineras se reúnen para negociar las condiciones de trabajo. Sin embargo, en los últimos meses un nuevo fenómeno ha empezado a desarrollarse: sectores de los principales sindicatos se han fraccionado para crear sindicatos alternativos, más radicales, como la AMCU (Sindicato de la asociación de mineros y de la construcción).
Estos sectores radicales afirman que el sindicato nacional, la NUM (Unión Nacional de Mineros), ya no es capaz de representar a los mineros, ya que ahora defiende y trabaja mano a mano con el gobierno nacional de Jacob Zuma. De hecho, la NUM forma parte del Congreso de sindicatos sudafricanos (el Cosatu), estrecho colaborador del partido en el poder, la ANC. Para Patrick Craven, portavoz de Cosatu, los partidos de la oposición y las organizaciones empresariales podrían estar detrás de las disidencias y formación de nuevos sindicatos en un intento de ahogar los movimientos sindicales y explotar a la población indígena.
Los fantasmas del pasado y la situación socioeconómica
La masacre de Marikana recuerda a los episodios más sangrientos de la era apartheid y deja en evidencia el hecho de que el país carece de políticos responsables, medios para combatir la violencia sistémica y servicios públicos básicos para todos sus habitantes, servicios reconocidos sin embargo por una de las constituciones más progresistas del planeta.
En efecto, Marikana simboliza la falta de competencia del gobierno de Zuma para cumplir con su promesa de ayudar a los sectores más débiles de la población sudafricana y redistribuir de manera equitativa las riquezas del país. Su partido, la ANC, que llegó al poder de la mano de Mandela y que consiguió la igualdad civil y política de todos los habitantes de la nación, ha dejado a un lado su estrategia socio-democrática de crecimiento económico por una ortodoxia neo-liberal que permite atraer inversiones y capital extranjero. Como explica Martin Plaud de la BBC, en las negociaciones para acabar con el apartheid existía un acuerdo tácito por el que el poder político se traspasaría a la mayoría negra, y el poder económico se quedaría en manos blancas. Y, aunque ha habido planes de conseguir de forma gradual una redistribución de las riquezas, la situación actual sigue siendo similar a la de entonces, con una élite política que mantiene el pacto para permanecer en el poder.
Además, las acciones llevadas a cabo por la policía sudafricana la pasada semana, que había sido enviada a Marikana por el gobierno de la ANC y que decía actuar en legítima defensa, se asemejan demasiado a aquellas que utilizaba de forma sistemática la policía del régimen del apartheid contra la población negra. Asimismo, las condiciones de seguridad y servicios públicos en las zonas de chabolas donde viven los mineros y otro tipo de trabajadores no han mejorado desde aquellas primeras elecciones democráticas en 1994. ¿No son éstas pues condiciones suficientes para una revuelta violenta de mineros “contra la injusticia y las desigualdades”?
La forma en que la retórica de la reconciliación y la reconstrucción económica para fortalecer el país deja a un lado las cuestiones de memoria, identidad y lucha por la igualdad, es una muestra clara de que las relaciones sociales de poder, violencia y dominación de hace veinte años aún siguen presentes.



3 comentarios
Nelson Navarro
says:
Sep 10, 2012
María, reciba mi cordial saludo y mi agradecimiento por aportarnos con su interesante artículo. En mi país Costa Rica, se comento esta noticia y cuando busque referencias para ampliarla, encontré para mi fortuna su atinada columna. Es una barbarie lo que allí sucede, más aún lo que se comenta que un nieto de Mandela es miembro del gobierno y de la junta directiva de la mina.
Renzo Ñato
says:
Sep 10, 2012
SUDAMERICA PERU.En este pais las leyes no valen de nada los delincuentes hacen lo que quieren lo mas feo que esta aconteciendo es en la selva de madre de dios es como un minero gana 10 mil dolares o 100 mil dolares cada dia y en la cidadad un tecnico que estudios tecnicos solo gana 50 dolares diario , en este lugar el oro ha llevado a los delicuentes a apoderarse de esta selva por eso han invadido las reservas ecologicas y los rios de madre de dios, inambari . piedras, malinosky,tambopata, la zona es amplia , aqui estan los profugos de todo el mundo invirtiendo en la extraccion del oro dando riendas sueltas de sus instintos malevolos porque aqui la prostitucion de los infantes es una actividad rentable y hasta hacen pagos a la tierra con niñas para que aparesca mas oro; el trafico de personas como el trafico de cocaina y combustible es una actividad rentable pero el oro es traficado hacia corea del norte o alemania.
Jeferson Valle
says:
Oct 2, 2012
Es un problema que se esta haciendo cada vez mas grande para el mundo entero porque a esta selva de madre de dios sudamerica lo han invadido millones de indigenas de todas las altiplanos los cuales estan discriminando a otros grupos de sociedades pero sin embargo estos indigenas por falta de preparaciojn estan contaminando esta selva de madre de dios los cuales dañan el ecosistema y degradan a la humanidad con su comportaminento antisocial y en dichos centros de trabajo no tienen baños ni duchas ni beneficios sociales de seguridad. lo unico que les importa es hacerce mas ricos con tanto oro de esta selva estan creando mas prostitucion y trata de indigenas y nativas de la zona los cuales son secuestradas para prostitucuion y trabajos forzados de las minerias es realmente una zona de la anarquia social y gobernante de Peru y sudamerica falta la intervencion de los organismos internacionales porque al gobierno peruano se le ha escapado de su autoridad y dichas ganancias son para elaboracion de cocaina y contrabando de drogas..