El pasado 20 de agosto, el gobierno de Etiopía anunció la muerte del Primer Ministro Meles Zenawi, tras varias semanas de especulación en la prensa y en los círculos políticos sobre su condición y sobre la incierta futura transición y apertura democrática del país. El vacío de poder que Meles deja podría tener graves consecuencias para la seguridad del Cuerno de África y del resto del continente.
Meles: el muy diplomático dictador de Etiopía
Junto a los miembros del Frente de Liberación del Pueblo de Eritrea (FLPE), Meles y su Frente Popular para la Liberación de Tigray (FPLT) acabaron con la dictatura de Mengistu Haile Mariam en Etiopía después de una lucha de más de treinta años. Desde entonces, Meles se convirtió en Primer Ministro y en epicentro de un sistema político basado en el personalismo. Así, en diciembre del año 2000, Meles decidió unilateralmente escuchar a la comunidad internacional y firmar un acuerdo de paz con Eritrea que puso fin a una sangrienta guerra por motivos comerciales entre los dos países que empezó en mayo de 1998.
Desde entonces, Meles siempre ha sido un gran aliado de Occidente en la lucha contra el extremismo islámico en la zona del Cuerno de África y un socio fiel de las potencias comerciales como China o Brasil, lo que ha llevado a un desarrollo económico ejemplar del país. Asimismo, Etiopía es el hijo predilecto de las políticas de desarrollo llevadas a cabo por el Banco Mundial o las Naciones Unidas.
No obstante, estas buenas relaciones personales con Occidente no impidieron que Meles ejerciera un férreo control sobre la libertad de expresión y pensamiento en el país: se impidió la creación de asociaciones de sociedad civil, se prohibió la libertad de prensa a partir de 2008, y se desarrollaron leyes anti-terroristas que concedían amplios poderes a policía y fuerzas de seguridad del Estado. Además, y a pesar de que los partidos de la oposición lograran aglutinarse bajo una plataforma política común para las elecciones nacionales de 2005, el partido de Meles obtuvo una amplia mayoría del 99% en unos comicios denunciados por la misión de la UE por estar muy por debajo de los estándares internacionales: “… el recuento fue lento, con un alto número de votos declarados inválidos y una falta absoluta de transparencia en los resultados, la hoja informativa de los resultados obtenidos en cada colegio tan sólo se hizo pública en un 29 % de los colegios de las zonas rurales y en un 36% de los situados en zona urbana; además, en al menos un 25% de los colegios electorales los partidos políticos más representativos no consiguieron hacerse con una copia de los resultados…”.
La Constitución etíope no aclara cómo ha de llevarse a cabo el proceso de transición o cómo ha de designarse al nuevo Primer Ministro en caso de ausencia del Jefe de Gobierno. De hecho, se teme que haya luchas de poder dentro de la élite del partido y del partido de la oposición. El viceprimer ministro y ministro de Exteriores Hailemariam Desalegn, quien asumió el poder de forma temporal desde la muerte de Meles basándose en el artículo 75 de la Constitución, que indica que “el viceprimer ministro actúa en nombre del primer ministro en su ausencia”, fue designado la pasada semana por el Parlamento como nuevo líder del país. Muchas son las dudas sobre si Hailemariam será capaz de estar a la altura del pragmático líder que tanta amistad forjó con Occidente.
Etiopía, el Cuerno de África y el mundo occidental: Los posibles escenarios de la era post-Meles
Mientras tanto, lo que ocurre en la inestable región del Cuerno de África y, en buena parte, en todo el África oriental, depende de lo que sucede en Etiopía. Sally Heally Obe, analista en el Rift Valley Institute, proponía tres escenarios posibles para la era post-Meles en una conferencia la pasada semana en Bruselas:
1. Escenario de continuidad: Los líderes del FPLT conseguirían manejar una transición sin complicaciones. A nivel regional habría pocos cambios. Se mantendrían las buenas relaciones con Sudán y Sudán del Sur, así como las relaciones económicas con Djibouti y Kenia. Las relaciones con Somalia seguirían estando basadas en la estrategia militar frente a Eritrea. A nivel continental, la clara ventaja de Etiopía en África es contar con la sede de la Unión Africana (UA) en Addis Abeba. Las relaciones personales de Meles con otros líderes políticos valieron la sede a Etiopía, por lo que mantener el peso y la autoridad del país en la UA será mucho más difícil para su sucesor. Nigeria y Sudáfrica podrían aprovechar la situación para liderar la organización. En cuanto a la escena internacional, Etiopía continuaría siendo amiga de Occidente, aunque tendría que luchar por mantener su autoridad en las políticas internacionales de desarrollo del Banco Mundial o la ONU. Sin embargo, las relaciones comerciales con grandes como China sufrirán, ya que los gigantes invertían en el país por su confianza en Meles, y no tanto por el modelo político y económico etíope.
2. Escenario de parálisis: Los líderes del FPLT no conseguirían manejar la transición y el país se quedaría estancado durante varios años. A nivel regional, Etiopía ya no sería capaz de bloquear a Eritrea y a sus socios comerciales. Además, es posible que Sudán se aprovechase de la situación para negociar con una Etiopía amiga de Sudán del Sur. Asimismo, la crisis interna no dejaría mucho tiempo libre a los líderes etíopes para hacerse cargo de las relaciones exteriores con Somalia, lo que a su vez podría afectar sobremanera a sus relaciones con EEUU y Europa. Occidente debería entonces buscar una nueva policía en la región, probablemente Kenia para controlar a Somalia y Uganda para controlar al Sudán de Al-Bashir. Por otro lado, las relaciones económicas con las potencias emergentes se verían contagiadas por la parálisis hasta provocar una profunda recesión económica en el país.
3. Escenario de parálisis indefinida y agitación: El escenario de parálisis no lograría resolverse y llevaría a un estado de crisis, agitación política y lucha por el poder entre las principales facciones políticas y étnicas del país. La política regional de Etiopía se vería seriamente afectada, ya que las dinámicas internas de un país afectarían seriamente a los demás, provocando en la mayoría de los casos conflictos militares. Este escenario podría dar lugar la paradoja de que Eritrea, a pesar de la histórica enemistad, acabe apoyando al FPLT, ya que su continuidad en el poder sería el menor mal. A nivel continental, Etiopía tendría mucha menos influencia en la Unión Africana, llegando incluso a perder la sede en Addis Abeba. Este sería también el peor escenario para las relaciones de Etiopía con Occidente. El hijo predilecto de las políticas liberales de desarrollo y ejemplo de la eficacia de las mismas no habría sido más que un mero espejismo. Como consecuencia directa, Etiopía perdería todo su valor estratégico. Seguiría siendo un aliado de EEUU y Europa, pero un aliado inestable y, por tanto, de mucho menos valor. Las luchas étnicas y religiosas internas por el poder darían lugar a situaciones de violación de derechos humanos y a un círculo vicioso de incumplimiento de las condiciones para la recepción de la ayuda al desarrollo, recortes en las mismas, disminución de la capacidad del estado para perseguir dichas violaciones, más violaciones…
Gran parte de la respuesta a la cuestión de cómo se resolverá la situación depende de cómo actuarán EEUU y Europa. Deberán elegir entre continuar apoyando a los líderes de un gobierno que ha conseguido controlar el islamismo radical en el Cuerno de África y que ha visto multiplicado el crecimiento económico del país y su influencia política en el continente, pero que lo ha hecho gracias a un estricto control de las libertades de expresión y reunión, o responder a las peticiones de libertad y democratización del pueblo etíope, aún a riesgo de perder beneficios económicos y estratégicos.




1 comentario
Alex
says:
Sep 21, 2012
Excelente artículo. Gracias